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Egresados de Teología de la UNAC ejercen el acompañamiento espiritual en instituciones de salud

El pastor Luis Mendoza Del Valle, en la Clínica Somer, y Lucía Vargas, en Coomeva Medicina Prepagada, integran equipos de cuidados paliativos. Su experiencia muestra un campo de ocupación laboral que se abre para los profesionales de la Facultad de Teología y Religión, más allá del ministerio pastoral y la docencia.

Los equipos de cuidados paliativos de las instituciones de salud están incorporando a un profesional encargado del acompañamiento espiritual de los pacientes y sus familias. En ese espacio se desempeñan hoy dos egresados de la Licenciatura en Teología de la Corporación Universitaria Adventista (UNAC): el pastor Luis Mendoza Del Valle, consejero espiritual de la Clínica Somer, y Lucía Vargas, guía espiritual de Coomeva Medicina Prepagada.

En ambos casos, la vinculación estuvo relacionada con procesos de certificación internacional en cuidados paliativos, que exigen equipos interdisciplinarios conformados por profesionales de medicina, enfermería, psicología, nutrición y trabajo social, junto con un consejero o guía espiritual.

Ocho años en la Clínica Somer

Luis Mendoza Del Valle se graduó como Licenciado en Teología en 2017 y como especialista en Docencia en 2019, ambos títulos de la UNAC. Durante el último año de carrera trabajó como obrero bíblico en la Asociación Centro Occidental y, a mediados de 2018, ingresó a la Clínica Somer. La institución adelantaba entonces su certificación en el Método NewPalex, de la entidad española New Health Foundation, que acredita la excelencia de los programas de atención paliativa, y abrió una convocatoria dirigida a teólogos, filósofos, sociólogos y antropólogos.

El cargo de consejero espiritual no existía en la clínica y se creó con su llegada. Comenzó en la unidad funcional de cáncer y cuidados paliativos y, a partir de la pandemia, el acompañamiento se extendió a toda la institución. Hoy atiende a pacientes, familias y personal, lidera el programa de duelo y hace parte de los comités de humanización, de convivencia laboral y de ética de la investigación. Además, es uno de los dos consejeros espirituales del Instituto Colombiano del Dolor (Incodol) y acompaña a practicantes de una especialización universitaria que rotan por la clínica.

Sobre la manera de acompañar en los momentos de diagnóstico difícil, duelo o final de la vida, el pastor Mendoza explica: «Muchas veces no estamos llamados a decir, sino a acompañar, a estar en silencio». Su labor, agrega, consiste en ofrecer un espacio para que las personas cuenten cómo están sus creencias y su relación con Dios, y en hacer las preguntas que les permitan hablar. «No tenemos todas las respuestas; muchas veces el silencio es elocuencia», afirma.

El servicio se presta a toda la clínica, sin distinción religiosa. Se realiza desde el respeto por las creencias de cada paciente y en contacto con los líderes de otras denominaciones, cuando la persona así lo requiere. El pastor Mendoza se refiere a su ordenación al ministerio pastoral como «la confirmación de un trabajo de ocho años que se hizo en silencio» y como el respaldo de su iglesia a esta forma de servicio.

Guía espiritual en el hogar del paciente

Lucía Vargas nació en Florencia (Caquetá), creció en Calarcá (Quindío) y se graduó como Licenciada en Teología de la UNAC en 2018. Complementó su formación con una maestría en intervención en terapia de pareja y un curso de coaching en psicología positiva y enfermedades crónicas, y se ha desempeñado como conferencista y emprendedora en temas de educación familiar.

Desde el 24 de noviembre de 2025 es guía espiritual del programa de cuidados paliativos de Coomeva Medicina Prepagada, en la modalidad de hospitalización domiciliaria. Su trabajo no se desarrolla en los pasillos de una clínica, sino en los hogares, adonde se desplaza el equipo interdisciplinario para atender a pacientes en final de vida y a sus familias.

Su labor se cumple sin proselitismo y con respeto por la fe de cada persona. «No se trata de religión; se trata de que tú y yo creemos en un Dios, y de ese Dios es del que quiero que hablemos», les dice a quienes preguntan en qué consiste el acompañamiento.

Para la egresada, esta experiencia representa una de «las nuevas ventanas para los teólogos» y amplía las opciones profesionales de las mujeres formadas en teología. Recuerda que el ministerio eclesiástico y la docencia no son los únicos caminos y que la teología puede ejercerse en otros ámbitos. Sobre el futuro de este campo, considera que «se va a ampliar», por la acogida que el servicio tiene entre las familias.

Un campo que exige formación complementaria

Los dos egresados reconocen en la UNAC la base de su ejercicio profesional. «Mi preparación en teología fue estupenda; la formación espiritual es espléndida», afirma Lucía Vargas, quien destaca también lo aprendido en el colportaje para acercarse a las personas. El pastor Mendoza resalta su participación en las brigadas de salud de la UNAC y la formación en primeros auxilios psicológicos.

Ambos coinciden en que el entorno clínico requiere preparación adicional. El pastor Mendoza recomienda dos caminos a quienes aspiren a este campo: el Diplomado en Cuidados Paliativos que ofrece la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAC, en cuya construcción participó, y la Educación Clínica Pastoral, formación con la que la Iglesia Adventista certifica a sus capellanes. La Facultad de Teología y Religión, por su parte, ha avanzado en la formación en capellanía.

Según el decano de la Facultad de Teología y Religión, Mg. Germán González Anaya, con el fin de promover la línea ministerial de capellanía, los currículos de la Licenciatura en Teología y de la Licenciatura en Educación Religiosa integran materias esenciales que brindan a sus egresados «la base para un desarrollo adecuado en la atención espiritual». A esto se suma, explica, la oferta permanente de programas de educación continua, como diplomados y cursos, que «incentivan la formación de calidad en cuidado espiritual».

A los futuros egresados, el consejero espiritual de la Clínica Somer les deja un mensaje: «Hay que educarse, hay que estudiar, hay que pensar fuera de la burbuja». Y los invita a no olvidar la vocación: Dios llama a servir, dice, dentro de la iglesia y fuera de ella.

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