Fabián David Santamaría Ariza, estudiante de sexto semestre de Teología, vivió una experiencia formativa que marcó profundamente su desarrollo profesional y espiritual, al realizar sus prácticas profesionales en la emisora AWR Colombia, un espacio que le permitió crecer y enfrentarse a nuevos desafíos en su vida ministerial.
Aunque predicar en una iglesia puede representar un reto para muchos, para Fabián el mayor desafío fue distinto: hablar frente a un micrófono sin ver al público “No ver al público al que me dirigía era más desafiante para mí que presentar un sermón en la iglesia”, comenta. La radio le exigió desarrollar seguridad, claridad y conexión a través de la voz, confiando en que el mensaje llegaría a los oyentes.
La radio como un medio para llevar el mensaje de salvación, así vivió Fabian Santamaría su primer programa al aire.
Una de las experiencias que recuerda con especial cariño fue la vez que fue presentado ante los oyentes junto a sus otros compañeros de prácticas. Santamaría cuenta que estaba tan emocionado por aquel momento que después de desarrollar el programa y todo lo que debía decir, recordó que olvidó pronunciar su propio nombre; si bien al inicio se sintió un poco desconcertado, fue una experiencia que recuerda con humor y gratitud, ya que reconoce que hizo parte de su proceso de aprendizaje.

En el ámbito profesional, asegura que el aporte más significativo fue el fortalecimiento de su expresión oral, no solo en la radio, sino también en la iglesia y en escenarios sociales, esta práctica constante frente al micrófono le permitió ganar soltura, claridad y dominio comunicativo. Pero el crecimiento que más destaca es el espiritual, puesto que, esta etapa lo llevó a depender completamente de Dios y a prepararse con mayor rigor bíblico, especialmente para atender a los oyentes de manera personalizada. Entendió que cada palabra compartida tiene el poder para ayudar y orientar de manera efectiva a quienes lo necesitan.
Historias como la de Fabián evidencian cómo los espacios de práctica no solo fortalecen competencias profesionales, sino que también consolidan el carácter y la vocación espiritual de quienes se preparan para el ministerio.


